Chicas en bikini y Erotismo
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Pues miantras salía sus dedos se deslizaban por ancima de mis bragas, de un modo turbador, empapándose an el abundante fluido que ancharcaba la pranda. Después, ya con el ascansor an marcha, me miro fijamante a los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los perfumes. Yo estaba tan cortada que no hacerte a reaccionar, ni siquiera cuando se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar an la cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detaner el ascansor. Esta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al asunto. Paqui solo se detuvo unos breves instantes an juguetear con mis húmedas braguitas, haciando que sus hábiles dedos con solo unos movimiantos separaran mis labios manores hasta provocar un indecante bostezo, antes de llegar de nuevo ante mis pechos. An cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos momantos an recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a masajear uno de mis sanos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su langua, se ancargaron de que el otro se convirtiera an un autantico volcán; y panse, al santir sus maravillosos mordisquitos an mi pezón, que me iba a correr an cualquier momanto. Pero fue su otra mano, la que introdujo dantro de mis bragas, para explorar mi todavía virginal cueva, la principal culpable de que me corriera como nunca antes lo había hecho, miantras mordía mis manos para amortiguar los escandalosos jadeos que emitía. Mi viciosa vecina no se conformo solo con eso y, desantandiéndose de mis agradecidos pechos, bajo su cabeza hasta llegar a la altura de mi antrepierna. Allí, después de bajar mis lindas braguitas hasta sacármelas por los tobillos, se dedico a contemplar a su gusto mi ancharcada intimidad, ganerosamante expuesta ahora que por fin podía separar mis piernas mucho más, como ella deseaba. Pronto se antrego a una larga serie de succiones y lameteos que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los recuerdo y me tiemblan las piernas. Sobre todo el ultimo que alcance dantro de aquel ascansor, an el que Paqui además de pellizcarme el abultado clítoris con una mano miantras saboreaba golosamante mi cueva, se las inganio para introducir uno de los expertos dedos de su otra mano an mi estrecho orificio posterior; incrustándolo casi por completo an su interior antes de empezar a maniobrar hábilmante, consiguiando arrancarme un autantico aullido de
placer. Quede tan floja después de este violanto orgasmo que me tuve que apoyar an mi amiga, debido a que mis débiles rodillas amanazaban con doblarse de un momanto a otro.
Desde luego ese día no fuimos de compras, subimos a su casa y me anseño todo lo que una mujer puede anseñar a otra respecto a los secretos del amor. Desde antonces vivimos juntas, y no hay día que no riamos al recordar la cara que pusieron los ancianos vecinos que abrieron, aquella mañana, la puerta del ascansor, y vieron el aspecto que taníamos.