gratis porno y mas

gratis porno

Gratis porno y Erotismo

Pulsa en cualquier foto de gratis porno para entrar al mejor contenido de gratis porno

gratis porno

gratis porno | index | chicas | fotos del dia | caliente

Soy una cerda, sí, pero una cerda monísima. Ojos grandes, nariz fina, labios redondeados, pelo castaño claro... lo que se dice un bombón. Lo era cuando aquel primer orgasmo y lo sigo siendo ahora, algunos años después. Al pasear por la calle parezco una mujer normal, discreta, pero nadie puede adivinar que mi problema, un problema con mayúsculas me haga ser tan cerda como resulto ser. Yo tenía una granja en Cáceres, como Meryl Streep pero bastante más pobre. En la mía no se edcucaba a negros ni nada de eso, bastante que llegué a ir yo al colegio, y en ella los días transcurrían sin pena ni gloria entre gallinas, polvo, sequía y novelas de Jazmín. Cumplí los trece años sin saber qué coño era eso que provocaba los bufidos que mi padre emitía en la habitación de al lado dos noches al mes y tampoco sabía por qué mi madre callaba y no le reprochaba eso como hacía a diario con los ronquidos. Yo volvía por las tardes a las seis después de pasar el día entre los muros del colegio de monjas más deprimente que existía en el mundo entero y hacía los deberes con la parsimonia del que no quiere acabar lo que está haciendo pues de sobra sabe que no hay mucho más que hacer después. Pero eso acabó prácticamente después de que descubriera el orgasmo... nada me divertía tanto como juguetear todo el día con la entrepierna hasta que me escocía. Cuando conocí a Valentín, con quince años, yo estaba harta de tener orgasmos y quise experimentar con él, conocer cuál era la diferencia entre hacerlo sola o acompañada. Nos tocamos hasta la saciedad durante muchas tardes seguidas escondiéndonos de la mula de mi madre y, si bien es cierto que aquello me divertía horrores, nunca sentí lo mismo que a solas. Pero no estaba mal provocar en Valentín esos sudores y esa sustancia pegajosa mientras yo restregaba mis muslos contra sus pantalones. Cuando decidí marcharme a Madrid a trabajar en una fábrica, Valentín lloró durante semanas y juró no volver a hablarme nunca más. Según su madre, que además de sorda cortaba el mal de ojo y era medio bruja, yo había "malvado" a su pequeño para toda la vida y escupiéndome con precisión en la nuca me espetó " Que la savia de la vida nunca te llene ni llueva jamás entre tus piernas viva savia". diez palabras de mas que tengo que poner aqui